Ahogado en mi propia desgracia me encontraba, tanto así, que no observe al salir de mi hogar el cielo, que en una amenazante visión, se demostraba cercano a su descarga ante sus propios alimentadores. Apuro el paso por la amenaza y por el tiempo, evitando al resto para también evitar entorpecer sus ritmos de vida.
Al volver a mirar el cielo comprendo que no era buena idea esto de hacer todo el recorrido a pie, dentro de poco empezaría a llover, lo cual no me vendría mal, sera algo parecido a una purificación. Bajo las escaleras que me conducen a mi vía de escape: El tren subterráneo.
Me dirijo a la boletería en donde una funcionaria, de unos cuarenta años ,me entrega la llave hacía mi libertad momentánea. Al emprender mi camino hacía el tren, siento como una mirada me sigue atentamente. De forma disimulada empiezo a mirar en la estación para ver quien me observaba, y ahí te encontré. Solo sabía como algunas personas se referían a ti e incluso una vez nos saludamos. Estaba al tanto de quien eras y que ocurría contigo, alguien me lo había contado, pero tu solo sabías mi nombre y nada más. Me hiciste una señal de saludo con la mano y yo, sorprendido, te devolví el saludo.
Lograste sacarme de la realidad un rato, era segunda vez que me ocurría algo similar en esta última hora ¿Quienes eran ustedes y por qué me provocaban algo extraño?
Entregue el boleto para poder salir de esta amarga situación, nuevamente baje otras escaleras y llegue al andén. La mayoría de las personas presentes no tenían expresión alguna en sus rostros, ¿Habrán tenido alguna mala experiencia? De todas formas poco importa, ya llegaba el tren y yo, con mi mente inerte, me unía a esa sociedad sin expresión ni sueños.
Al dar el paso y entrar en el vagón, no me encontraba con mayor novedad: Oficinistas estresados, señoras de edad con hijos o nietos, escolares cansados, ancianos disfrutando de sus últimos viajes y finalmente me encontraba a mi mismo en el reflejo de la puerta, derrotado nuevamente. No encontraba la esperanza en aquel Vagón, gracias a Dios llegue pronto a mi destino. Salgo del vagón rápidamente, queriendo escapar del espectro de la desesperanza. Subo dos corridas de escaleras y ahí estaba... Empezaba a llover, empezaba la purificación de mi ser.
Aún faltaba la última parte del trayecto, para esto debía caminar bajo la lluvia. La lluvia me abrazaba lentamente, me reconfortaba y me daba animo, olvidaba de a poco el golpe recibido. Pero a una distancia de 200 metros de mi hogar la lluvia se detuvo, provocando en mi, un estado más amargo aún. En ese instante te recordé junto a tus palabras de apoyo, te necesitaba nuevamente. Mientras caminaba, abrí mi bolso y te llamé. Solo te dije que ya había terminado todo. Escuche tus palabras y al cortar, comprendí lo recién dicho...
Llego a la puerta de mi hogar, meto la llave y entro como si nada hubiera pasado, mientras me preguntan: ¿Como te fue? A lo cual respondí: Bien
Ahí empezaba la mentira de un día...
domingo, 18 de noviembre de 2007
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2 comentarios:
medio loco pero si eres asi que mas da, igual me cai bien
Notable tu comentario :B que mas da, cierto? asi soy feliz :)
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