Nos miramos el uno al otro durante una tarde entera, no cruzamos palabra alguna. Al finalizar la tarde él me dice:
-Haz fracasado nuevamente...
No lo pude aguantar, me levante de mi silla y lo callé a golpes... Una vez dormido, me encargué de que no volviera a hablarme, ni siquiera a mirarme; Tomé varias pastillas al azar y las deposité una a una en su boca.
El tiempo paso, el efecto empezaba a notarse...
...Poco a poco...
..me fui durmiendo yo también...
...y finalmente...
...deje caer el espejo...
miércoles, 12 de diciembre de 2007
domingo, 18 de noviembre de 2007
Esperanza Cínica
Ahogado en mi propia desgracia me encontraba, tanto así, que no observe al salir de mi hogar el cielo, que en una amenazante visión, se demostraba cercano a su descarga ante sus propios alimentadores. Apuro el paso por la amenaza y por el tiempo, evitando al resto para también evitar entorpecer sus ritmos de vida.
Al volver a mirar el cielo comprendo que no era buena idea esto de hacer todo el recorrido a pie, dentro de poco empezaría a llover, lo cual no me vendría mal, sera algo parecido a una purificación. Bajo las escaleras que me conducen a mi vía de escape: El tren subterráneo.
Me dirijo a la boletería en donde una funcionaria, de unos cuarenta años ,me entrega la llave hacía mi libertad momentánea. Al emprender mi camino hacía el tren, siento como una mirada me sigue atentamente. De forma disimulada empiezo a mirar en la estación para ver quien me observaba, y ahí te encontré. Solo sabía como algunas personas se referían a ti e incluso una vez nos saludamos. Estaba al tanto de quien eras y que ocurría contigo, alguien me lo había contado, pero tu solo sabías mi nombre y nada más. Me hiciste una señal de saludo con la mano y yo, sorprendido, te devolví el saludo.
Lograste sacarme de la realidad un rato, era segunda vez que me ocurría algo similar en esta última hora ¿Quienes eran ustedes y por qué me provocaban algo extraño?
Entregue el boleto para poder salir de esta amarga situación, nuevamente baje otras escaleras y llegue al andén. La mayoría de las personas presentes no tenían expresión alguna en sus rostros, ¿Habrán tenido alguna mala experiencia? De todas formas poco importa, ya llegaba el tren y yo, con mi mente inerte, me unía a esa sociedad sin expresión ni sueños.
Al dar el paso y entrar en el vagón, no me encontraba con mayor novedad: Oficinistas estresados, señoras de edad con hijos o nietos, escolares cansados, ancianos disfrutando de sus últimos viajes y finalmente me encontraba a mi mismo en el reflejo de la puerta, derrotado nuevamente. No encontraba la esperanza en aquel Vagón, gracias a Dios llegue pronto a mi destino. Salgo del vagón rápidamente, queriendo escapar del espectro de la desesperanza. Subo dos corridas de escaleras y ahí estaba... Empezaba a llover, empezaba la purificación de mi ser.
Aún faltaba la última parte del trayecto, para esto debía caminar bajo la lluvia. La lluvia me abrazaba lentamente, me reconfortaba y me daba animo, olvidaba de a poco el golpe recibido. Pero a una distancia de 200 metros de mi hogar la lluvia se detuvo, provocando en mi, un estado más amargo aún. En ese instante te recordé junto a tus palabras de apoyo, te necesitaba nuevamente. Mientras caminaba, abrí mi bolso y te llamé. Solo te dije que ya había terminado todo. Escuche tus palabras y al cortar, comprendí lo recién dicho...
Llego a la puerta de mi hogar, meto la llave y entro como si nada hubiera pasado, mientras me preguntan: ¿Como te fue? A lo cual respondí: Bien
Ahí empezaba la mentira de un día...
Al volver a mirar el cielo comprendo que no era buena idea esto de hacer todo el recorrido a pie, dentro de poco empezaría a llover, lo cual no me vendría mal, sera algo parecido a una purificación. Bajo las escaleras que me conducen a mi vía de escape: El tren subterráneo.
Me dirijo a la boletería en donde una funcionaria, de unos cuarenta años ,me entrega la llave hacía mi libertad momentánea. Al emprender mi camino hacía el tren, siento como una mirada me sigue atentamente. De forma disimulada empiezo a mirar en la estación para ver quien me observaba, y ahí te encontré. Solo sabía como algunas personas se referían a ti e incluso una vez nos saludamos. Estaba al tanto de quien eras y que ocurría contigo, alguien me lo había contado, pero tu solo sabías mi nombre y nada más. Me hiciste una señal de saludo con la mano y yo, sorprendido, te devolví el saludo.
Lograste sacarme de la realidad un rato, era segunda vez que me ocurría algo similar en esta última hora ¿Quienes eran ustedes y por qué me provocaban algo extraño?
Entregue el boleto para poder salir de esta amarga situación, nuevamente baje otras escaleras y llegue al andén. La mayoría de las personas presentes no tenían expresión alguna en sus rostros, ¿Habrán tenido alguna mala experiencia? De todas formas poco importa, ya llegaba el tren y yo, con mi mente inerte, me unía a esa sociedad sin expresión ni sueños.
Al dar el paso y entrar en el vagón, no me encontraba con mayor novedad: Oficinistas estresados, señoras de edad con hijos o nietos, escolares cansados, ancianos disfrutando de sus últimos viajes y finalmente me encontraba a mi mismo en el reflejo de la puerta, derrotado nuevamente. No encontraba la esperanza en aquel Vagón, gracias a Dios llegue pronto a mi destino. Salgo del vagón rápidamente, queriendo escapar del espectro de la desesperanza. Subo dos corridas de escaleras y ahí estaba... Empezaba a llover, empezaba la purificación de mi ser.
Aún faltaba la última parte del trayecto, para esto debía caminar bajo la lluvia. La lluvia me abrazaba lentamente, me reconfortaba y me daba animo, olvidaba de a poco el golpe recibido. Pero a una distancia de 200 metros de mi hogar la lluvia se detuvo, provocando en mi, un estado más amargo aún. En ese instante te recordé junto a tus palabras de apoyo, te necesitaba nuevamente. Mientras caminaba, abrí mi bolso y te llamé. Solo te dije que ya había terminado todo. Escuche tus palabras y al cortar, comprendí lo recién dicho...
Llego a la puerta de mi hogar, meto la llave y entro como si nada hubiera pasado, mientras me preguntan: ¿Como te fue? A lo cual respondí: Bien
Ahí empezaba la mentira de un día...
miércoles, 31 de octubre de 2007
¡Corre!
Me quisiste decir una última frase, pero ya era tarde. Al recuperar el aliento y la noción de tu preciada realidad escarlata, ya no me ves junto a ti, sientes mi ausencia con un ligero toque de indiferencia. Luego de esto sigues danzando bajo tu propio ritmo.
Eso fue lo último que alcance a notar antes de desaparecer corriendo. No lo entiendo pero escape, corrí como si la muerte hubiera demandado por mi alma, corrí sin que tú me importaras, sin miedo a nada. Las personas me observan de forma extraña y algunas se murmuran, según ellos debo ser alguna especie de criminal o un paranoico para ir de esta forma, e incluso una de ellas me detiene:
-¿Qué ocurre?, ¿Estas bien? –me dice aferrándose a mi brazo, mientras la miro fijamente a sus ojos cubiertos por unos lentes ópticos. “Que dulce es al intentar calmar mi extraña angustia” me digo en mi mente, creo que no olvidare la suavidad que contenían sus tímidos gestos hacía este extraño, pero no me debo distraer con ella debo continuar con lo mío.
Vuelvo a correr más ligeramente. Dicen que los recuerdos nos persiguen pero esto es ridículo, ni siquiera podía pensar hacía donde me dirigía, ¿Qué me deparara el destino en este momento?
En eso me detiene un agudo y molestoso chirrido…
Siento un ligero golpe en la rodilla derecha provocado por el toque de un auto. Muchas miradas se detienen en la escena del clásico atropello: La “Víctima” no se da cuenta, el conductor histérico, la señora inculpando al conductor, los jóvenes curiosos y como siempre, la ausente autoridad. No me encontraba en el uso de mi razón, había cruzado por la mitad de la avenida sin fijarme en nada ni nadie, me preguntan si estoy bien pero no respondo, pudo haberme pasado algo… pero eso tampoco me importa ahora.
El conductor tuvo piedad con esta desesperada criatura, con gusto hubiera invitado a un café y le agradecía la situación, pero el tiempo es oro en estas situaciones así que procedí a finalizar el último recorrido. El conductor me grita algo, quizás un improperio, pero no me importa en este momento.
Sin dirección ni destino alguno sigo corriendo, me siento atraído por el límite de este lugar. Corro hasta el límite indicado por un reloj desgastado por su propia carga, el tiempo. Me detengo junto a el, ya no daba más, ya no quiero más ¿Cómo llegue a esto?
Obedeciendo al dicho: “Los hombres no pueden hacer dos cosas a la vez” me detuve para pensar en todo, principalmente en la respuesta a mi interrogante. Podría culpar al tiempo, a las personas e incluso hasta a mi, pero no tendría sentido buscar al culpable ya que solo ocurrió, nuestra relación se desgastó. No valía la pena pensar ya, solo debía volver a casa y dejarme caer un rato en el jardín invernal de mi propia realidad.
Eso fue lo último que alcance a notar antes de desaparecer corriendo. No lo entiendo pero escape, corrí como si la muerte hubiera demandado por mi alma, corrí sin que tú me importaras, sin miedo a nada. Las personas me observan de forma extraña y algunas se murmuran, según ellos debo ser alguna especie de criminal o un paranoico para ir de esta forma, e incluso una de ellas me detiene:
-¿Qué ocurre?, ¿Estas bien? –me dice aferrándose a mi brazo, mientras la miro fijamente a sus ojos cubiertos por unos lentes ópticos. “Que dulce es al intentar calmar mi extraña angustia” me digo en mi mente, creo que no olvidare la suavidad que contenían sus tímidos gestos hacía este extraño, pero no me debo distraer con ella debo continuar con lo mío.
Vuelvo a correr más ligeramente. Dicen que los recuerdos nos persiguen pero esto es ridículo, ni siquiera podía pensar hacía donde me dirigía, ¿Qué me deparara el destino en este momento?
En eso me detiene un agudo y molestoso chirrido…
Siento un ligero golpe en la rodilla derecha provocado por el toque de un auto. Muchas miradas se detienen en la escena del clásico atropello: La “Víctima” no se da cuenta, el conductor histérico, la señora inculpando al conductor, los jóvenes curiosos y como siempre, la ausente autoridad. No me encontraba en el uso de mi razón, había cruzado por la mitad de la avenida sin fijarme en nada ni nadie, me preguntan si estoy bien pero no respondo, pudo haberme pasado algo… pero eso tampoco me importa ahora.
El conductor tuvo piedad con esta desesperada criatura, con gusto hubiera invitado a un café y le agradecía la situación, pero el tiempo es oro en estas situaciones así que procedí a finalizar el último recorrido. El conductor me grita algo, quizás un improperio, pero no me importa en este momento.
Sin dirección ni destino alguno sigo corriendo, me siento atraído por el límite de este lugar. Corro hasta el límite indicado por un reloj desgastado por su propia carga, el tiempo. Me detengo junto a el, ya no daba más, ya no quiero más ¿Cómo llegue a esto?
Obedeciendo al dicho: “Los hombres no pueden hacer dos cosas a la vez” me detuve para pensar en todo, principalmente en la respuesta a mi interrogante. Podría culpar al tiempo, a las personas e incluso hasta a mi, pero no tendría sentido buscar al culpable ya que solo ocurrió, nuestra relación se desgastó. No valía la pena pensar ya, solo debía volver a casa y dejarme caer un rato en el jardín invernal de mi propia realidad.
martes, 16 de octubre de 2007
Instante
El fuego se apaga junto al último cigarro, los latidos se detienen junto a tu respiración. El silencio se impone con la aparición de aquel espectro azul que se encontraba encerrado en tus ojos. El espectro se acerca, me hace ver el termino de nuestra fiesta, me hace querer buscar lo nuevo en lo cotidiano.
El tiempo se vuelve a detener para mí. Calles vacías, silencio oportuno, luz tenue y una sobrecogedora sensación. Con esto, el ciclo se volvía a completar, ya era hora de volver a mí esperanzadora realidad.
Transcurren unos minutos y nuevamente vuelvo a encender otro cigarro. Mientras la nicotina se introduce en mi organismo murmuro:
"No respires, no hables, ni tampoco murmures. Cierra tus ojos, todo estará bien... ¡No lo abras aún!. ¿Deseas saber cuando deberás abrir tus ojos? Sólo busca en tu interior aquella pieza que falta en esta escena. Dame tu mano, deja sentirte, ¿Lo haz percibido?.Si suelto tu mano o si dejas de oír mi respiración, podrás abrir tus ojos. Todo estará bien pequeña, solo cree en mí"
Ligeramente empiezo a cerrar mis ojos y de a poco voy soltando tu mano. Vuelves a abrir tus ojos...
El ritmo vuelve, las calles infestadas y el ruido cotidiano. Te sientes vacía al notar lo ocurrido...
El tiempo se vuelve a detener para mí. Calles vacías, silencio oportuno, luz tenue y una sobrecogedora sensación. Con esto, el ciclo se volvía a completar, ya era hora de volver a mí esperanzadora realidad.
Transcurren unos minutos y nuevamente vuelvo a encender otro cigarro. Mientras la nicotina se introduce en mi organismo murmuro:
"No respires, no hables, ni tampoco murmures. Cierra tus ojos, todo estará bien... ¡No lo abras aún!. ¿Deseas saber cuando deberás abrir tus ojos? Sólo busca en tu interior aquella pieza que falta en esta escena. Dame tu mano, deja sentirte, ¿Lo haz percibido?.Si suelto tu mano o si dejas de oír mi respiración, podrás abrir tus ojos. Todo estará bien pequeña, solo cree en mí"
Ligeramente empiezo a cerrar mis ojos y de a poco voy soltando tu mano. Vuelves a abrir tus ojos...
El ritmo vuelve, las calles infestadas y el ruido cotidiano. Te sientes vacía al notar lo ocurrido...
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